Colombia podría ser uno de los mejores países del mundo, porque posee la descomunal riqueza de un territorio enorme y la gran inteligencia, creatividad y capacidad de trabajo de una población numerosa, que llega a 45 millones. El día en que unamos las riquezas de nuestro territorio con la capacidad de trabajo de nuestro pueblo daremos un gran salto hacia delante, que tendrá que complementarse con políticas sociales que lleven los frutos del progreso a todos los hogares.
En el país que queremos florecerán la industria y la producción agropecuaria, la base para salir del atraso, incluido el científico y tecnológico, y combatir la pobreza.
En el país que queremos las condiciones laborales y de vida de los trabajadores mejorarán, contando entre ellas la salud y la educación. Y si el pueblo colombiano se emplea y gana más, todas las actividades económicas mejorarán, jalonadas por el consumo popular.
En el país que queremos la democracia dejará de ser un remedo con el cual se santifica su negación y se justifican hasta los peores atropellos de la más elemental práctica democrática.
El país que queremos se relacionará con todos los países del mundo. Pero a partir del respeto a nuestra soberanía y autodeterminación y no como un Estado vasallo, condición que ya tuvimos y que la experiencia demostró castra cualquier posibilidad de atender las necesidades nacionales.
El país que queremos será el país de todos: trabajadores, campesinos, indígenas, clases medias y empresarios, siempre guiados por las ideas de unirnos en torno a los medios (la mayor unidad política que pueda concebirse) y, por sobre todo, a los fines, es decir, la defensa de la producción, el trabajo, la democracia y la soberanía.